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Hay una pregunta que suena a contabilidad y es pura gerencia: ¿cuánto tengo que vender este mes para no perder plata?
Casi ningún dueño de pyme sabe ese número de memoria. Sabe cuánto vendió el mes pasado, sabe más o menos cuánto le gustaría vender, y sabe perfectamente cuándo el mes se puso difícil. Pero el piso exacto, el punto desde el cual el negocio empieza a ganar, no.
Ese número se llama punto de equilibrio. Se saca en una hoja, en media hora, sin ser contador. Aquí está el paso a paso completo, con un ejemplo en pesos de principio a fin, los errores que dañan el cálculo y qué hacer cuando el resultado no te gusta.
Una aclaración antes de arrancar. Este artículo calcula el piso mensual del negocio completo. No es lo mismo que calcular cuánto te deja cada venta por separado, aunque ese dato aparezca aquí como un insumo del camino. El destino es el piso del mes.
Es la venta mínima que necesitas en un mes para no ganar ni perder. Ni un peso de utilidad, ni un peso de pérdida. Cero.
Por debajo de ese número, el mes lo pagas tú. Por encima, empiezas a ganar. Dicho de otra forma: es la altura de la barra que tu negocio tiene que saltar cada mes antes de que la palabra ganancia signifique algo.
Y lo importante es que es un número, no una sensación. Esa es toda la diferencia.
Son los costos fijos: lo que sale de la cuenta así no vendas nada. El mes que vendes mucho y el mes que no vende nadie, esta plata sale igual.
Arriendo del local o la bodega. Nómina del equipo de planta, con prestaciones. Servicios públicos, internet y telefonía. Plataformas y herramientas que pagas por mes. El contador. Pólizas y seguros. Cuotas de créditos. Vigilancia y aseo.
Todo lo que solo existe cuando hay una venta. El producto que compraste para revender, la materia prima, el empaque de cada pedido, el flete que asumes, la comisión de la pasarela de pago o del marketplace, la comisión del vendedor.
Eso son costos directos y van en el paso 2. El error más común del cálculo es meter todo en el mismo saco. Si mezclas, el número que te sale no significa nada: te sale un piso inflado que te hace creer que estás peor de lo que estás.
Primero, tu propio sueldo. Si vives del negocio, va como costo fijo, con el monto que de verdad necesitas sacar cada mes. Un punto de equilibrio que no incluye lo que tú necesitas para vivir no es el punto de equilibrio de tu vida: es el de una empresa donde alguien trabaja gratis.
Segundo, los gastos que llegan una vez al año. Impuestos, renovaciones, la póliza, el mantenimiento grande. Divídelos entre doce y mete esa doceava parte cada mes. Si no lo haces, el cálculo te queda bonito once meses y te revienta en el doceavo.
Tercero, los costos que suben por escalones. Un empleado más cuando pasas cierto volumen, una bodega más grande, un plan superior de la plataforma. Para el cálculo de este mes se tratan como fijos. Lo que hay que tener presente es que el día que cruzas el escalón, el piso se mueve hacia arriba de un salto.
Este es el único paso con algo de aritmética, y aun así es una resta y una división.
De cada peso que entra por una venta, una parte se va en lo que costó esa venta en particular. Lo que queda es lo que le sirve al negocio para pagar los costos fijos. Ese porcentaje es el que necesitas.
Toma una venta típica. Al precio réstale los costos directos de esa venta. El resultado, dividido entre el precio, es el porcentaje que te queda.
Si vendes en cien mil pesos, el producto te costó cuarenta y cinco mil, el empaque y el flete diez mil, y la comisión de pago cinco mil, entonces los costos directos suman sesenta mil y te quedan cuarenta mil. Cuarenta mil sobre cien mil es el cuarenta por ciento.
Si vendes servicios el ejercicio es igual, pero los costos directos son menos obvios: las horas de alguien del equipo dedicadas a ese proyecto, las licencias que compras para ese cliente, las comisiones de venta.
No hace falta hacerlo producto por producto. Saca el porcentaje promedio del negocio: toma las ventas totales de un mes normal, réstales los costos directos totales de ese mes, y divide. Eso te da el promedio real, ponderado por lo que de verdad vendes y no por lo que crees que vendes.
Ahora, el matiz. Si manejas líneas con porcentajes muy distintos, por ejemplo una que te deja el veinte y otra que te deja el sesenta, el promedio esconde demasiado y conviene sacar el piso por línea. Depende del negocio, pero la regla práctica es: si la diferencia entre tus líneas pasa de veinte puntos, sepáralas.
Costos fijos del mes dividido entre el porcentaje que te deja cada venta, expresado en decimal. Eso es todo.
Doce millones de costos fijos, dividido entre cero coma cuarenta, da treinta millones. Treinta millones al mes es el piso.
Un negocio que vende producto físico, con un punto pequeño y canal en línea. Las cifras son de ejemplo, para que veas el camino entero.
Arriendo 3.200.000. Nómina de dos personas con prestaciones 5.400.000. Sueldo del dueño 2.000.000. Servicios e internet 480.000. Plataforma y herramientas 320.000. Contador 600.000.
Total de costos fijos: 12.000.000 al mes.
Venta típica de 100.000. Producto 45.000, empaque y flete 10.000, comisión de pago 5.000. Costos directos 60.000, le quedan 40.000. Es el cuarenta por ciento.
12.000.000 dividido entre 0,40 da 30.000.000. Treinta millones al mes.
Traducido a lo que se persigue día a día: si abre todos los días del mes, es un millón diario. En unidades, a 100.000 la venta, son 300 ventas al mes, diez diarias.
Si ese negocio cerró el mes en 24 millones, no tuvo un mes flojo. Tuvo un mes de pérdida, y el dueño la pagó.
Ojo con una trampa de intuición, eso sí. Vender seis millones por debajo del piso no significa perder seis millones. Significa perder el cuarenta por ciento de esos seis, o sea 2.400.000. Es bastante menos de lo que uno teme, y sigue siendo plata que salió del bolsillo de alguien.
El método no cambia, pero los costos directos hay que buscarlos, porque no llegan en una factura de proveedor.
Toma una empresa de servicios con 6.000.000 de costos fijos al mes. Un proyecto promedio se cobra en 4.000.000. Los costos directos de ese proyecto son los materiales, el subcontratista y el transporte, y suman 2.600.000. Le quedan 1.400.000, que sobre 4.000.000 es el treinta y cinco por ciento.
6.000.000 dividido entre 0,35 da 17.142.857. El piso de ese negocio es de poco más de diecisiete millones al mes, que son algo más de cuatro proyectos.
Lo que casi siempre falta en este cálculo son las horas del equipo propio. Si tienes gente de planta y su tiempo ya está en la nómina, no la cuentes dos veces: va en los costos fijos y punto. Pero si contratas por proyecto, o si pagas horas extra cuando entra trabajo, eso es costo directo y tiene que estar.
Es normal que la primera vez el piso parezca inalcanzable. No lo tomes como una sentencia: tómalo como el punto de partida de una conversación que hasta ahora no estabas teniendo con números. Hay cuatro palancas, y conviene mirarlas en este orden.
Una. Subir el porcentaje que te deja cada venta. Negociar con el proveedor, revisar el empaque, dejar de asumir fletes por defecto, ajustar precio donde el mercado lo permita. Es la palanca más poderosa porque está en el divisor: pasar del cuarenta al cuarenta y cinco por ciento baja el piso de 30 a 26,7 millones sin vender una unidad más.
Dos. Bajar el costo fijo. La más incómoda y la más directa. Con ese cuarenta por ciento, cada millón que quitas de costos fijos baja el piso dos millones y medio.
Tres. Cambiar la mezcla de lo que vendes. Si tienes líneas con porcentajes muy distintos, empujar las de mejor porcentaje mueve el promedio del negocio hacia arriba sin tocar ni precios ni costos.
Cuatro. Vender más. Es la que todo el mundo intenta primero y es la más lenta de las cuatro. Déjala de última en el análisis, aunque siga siendo la primera en el discurso.
El primero ya lo mencioné y es el más frecuente: meter los costos directos entre los fijos. El piso te sale inflado y tomas decisiones de pánico sobre un número que no existe.
El segundo es usar un mes raro como referencia. Diciembre, o el mes de la campaña grande, o el mes en que se cayó la operación una semana. Usa un mes normal, y si puedes, el promedio de tres.
El tercero es olvidar el sueldo del dueño. Es el más caro de todos, porque hace que un negocio que no da aparezca como si diera. Si tú no te pagas, el negocio no es rentable: está subsidiado por ti.
Dos reglas simples. Una vez al trimestre, como rutina. Y cada vez que cambie algo estructural: contratas a alguien, te mueves de local, cambias de proveedor, subes precios, agregas una línea, firmas una herramienta nueva.
La primera vez toma media hora. Las siguientes, diez minutos, porque la hoja ya está armada y solo cambias cifras. Lo que no sirve es sacarlo una vez, guardarlo en una carpeta y seguir manejando el negocio con la sensación.
Uno. Ponlo donde lo veas. En la pared, en el tablero, en el mismo lugar donde revisas las ventas del día. Un número que vive en un archivo no cambia ninguna decisión.
Dos. Divídelo entre los días que abres. Un millón diario se persigue mucho mejor que treinta millones mensuales, porque te deja corregir el día ocho y no el treinta.
Tres. Úsalo antes de decir que sí. Cada costo fijo nuevo sube el piso, y ahora sabes exactamente cuánto. Antes de firmar un arriendo mayor, una contratación o una herramienta, calcula cuánto te sube la barra y decide con eso al frente.
Y lo más importante, que no es un cálculo sino un cambio de lenguaje: deja de llamar mes flojo al mes en que vendiste por debajo del piso. Ese mes no fue flojo. Ese mes lo pagaste tú.
Sin IVA, en todas las cifras. El IVA que cobras no es tuyo: lo recaudas y lo trasladas. Si lo metes en las ventas, el piso te queda falsamente cómodo. Trabaja con valores antes de impuestos tanto en el precio como en los costos.
El punto de equilibrio se calcula sobre las ventas del mes, no sobre lo que te pagaron en el mes. Es una cuenta de utilidad, no de caja. Las dos importan y son distintas, pero no las mezcles dentro de este cálculo o no te va a dar ninguna de las dos.
En contabilidad estricta solo el interés es gasto; el abono a capital no lo es. Pero en la práctica del dueño sale la cuota completa todos los meses, y este cálculo existe para tomar decisiones, no para presentar estados financieros. Inclúyela completa: el piso te va a quedar un poco más alto y vas a estar del lado seguro.
Es cuando más sirve. Antes de firmar un arriendo o de contratar a la primera persona, el cálculo te dice cuánto vas a necesitar vender cada mes para sostener esa decisión. Hacerlo después es enterarte; hacerlo antes es decidir.
Entonces no son tan fijos, y eso ya es información. Usa el promedio de los últimos tres meses y recalcula cada trimestre. Si la variación es muy grande, revisa si hay algo que estás clasificando como fijo y en realidad depende de cuánto vendes.
Si quieres sacar tu punto de equilibrio sin armar la hoja desde cero, tengo una Calculadora de Rentabilidad que hace esta cuenta y varias más con las cifras de tu negocio. Escríbeme y te la paso.
Si quieres ver cómo trabajo con pymes, aquí está lo que hago.
